Si tu caso es de esas personas que apenas tienen conocimiento acerca de todos los conceptos que aparecen en su factura de la luz, este es tu artículo.
Para empezar explicaremos la composición principal de nuestra factura de la luz y luego lo haremos de forma detallada.
Son tres conceptos principales los que conforman nuestro recibo:
Un 25% del precio total corresponde a los impuestos.
El 35% del gasto total es nuestro consumo real de energía.
Un 40% de la factura final responde a los costes regulados, es decir, al transporte, distribución, etc.
Dependiendo de si tienes contratado tu suministro con el mercado regulado o el libre la estructura de tu factura de la luz puede variar. Veámos los componente de una convencional:
Una vez que hemos desgranado todos cargos que incluye nuestro recibo podemos comprobar que la mayoría de gastos corresponden a impuestos ya establecidos o IVA, y que nuestro consumo real sólo representa el 35% del precio total de la factura de la luz.
Por tanto, es sobre esta cargo en el que podemos actuar para reducir el precio final pero, ¿cómo podemos conseguirlo?
En primer lugar, la potencia de luz contratada también incide en el precio final, por lo que una manera de conseguir ese ahorro del que hablamos es reducirla y ajustarla al consumo real que estamos teniendo.
En ocasiones tenemos una potencia contratada superior a lo que es nuestro consumo de energía y al reducirla podemos encontrar ese ahorro que tanto buscamos.
Existen otras alternativas como contratar una tarifa de discriminación horaria en la que existen ciertas horas en las que la electricidad es más barata, de tal modo que una pequeña adaptación de nuestros hábitos de consumo puede suponer un gran ahorro.
Si después de realizar estos ajustes en tu factura de la luz sigue siendo elevada y prefieres cambiar de compañía, visita un comparador de luz y compara entre las mejores comercializadoras nacionales para conseguir aquella tarifa que más beneficios te reporte.